Durante casi medio siglo, la industria tabacalera guardó un secreto. Los científicos de las compañías sabían que los cigarrillos causaban cáncer. Sabían que la nicotina era adictiva por diseño. Y enterraron ese conocimiento en memorandos internos mientras le decían al público estadounidense algo muy diferente.
En Marko Law pensamos a menudo en este caso, porque refleja algo que vemos todos los días en nuestro propio trabajo. Las compañías poderosas pueden ocultar la verdad durante mucho tiempo. Pero tarde o temprano, las pruebas salen a la luz y llega la hora de pagar.
En 1998, esa cuenta ascendió a $206 mil millones. Sigue siendo uno de los acuerdos de rendición de cuentas corporativa más grandes en la historia de Estados Unidos, y la historia detrás de él dice mucho sobre hasta dónde llegan las compañías para proteger sus ganancias, y hasta dónde puede llegar la ley para detenerlas.
Décadas de engaño
Mucho antes de que se presentara cualquier demanda, las compañías tabacaleras ya sabían el daño que causaban sus productos. Investigaciones internas que datan de la década de 1950 vinculaban el tabaquismo con el cáncer de pulmón y las enfermedades cardíacas. En lugar de advertir al público, la industria eligió otra estrategia.
Construir un muro de duda
Las compañías tabacaleras financiaron organizaciones diseñadas para parecer independientes, pero creadas para proteger a la industria. Grupos como el Tobacco Institute y el Council for Tobacco Research producían estudios y mensajes clave con el fin de generar confusión en el público. Su objetivo era simple: que los fumadores siguieran fumando y mantener alejados a los reguladores.
- Los investigadores de las compañías documentaron las propiedades adictivas de la nicotina desde la década de 1960, mientras los ejecutivos lo negaban públicamente.
- Las campañas de mercadotecnia usaban médicos, atletas y personajes de caricatura para hacer que los cigarrillos parecieran seguros, e incluso saludables.
- La ciencia financiada por la industria se utilizó para cuestionar y retrasar la regulación gubernamental durante décadas.
Un modelo de negocio basado en el silencio
Nada de esto ocurrió por accidente. Fue una estrategia coordinada y de largo plazo para proteger miles de millones en ganancias. Millones de estadounidenses se enfermaron, y muchos murieron, mientras las personas que conocían la verdad no dijeron nada.
Los estados contraatacan: el camino hacia el litigio
Mississippi abre el camino
En 1994, Mississippi se convirtió en el primer estado en demandar a las principales compañías tabacaleras. El argumento del estado era sencillo. Los contribuyentes estaban pagando los costos de Medicaid para tratar enfermedades relacionadas con el tabaquismo, mientras las compañías tabacaleras obtenían ganancias y ocultaban los riesgos. Era una teoría legal novedosa, y funcionó.
Otros estados siguen el ejemplo
La demanda de Mississippi abrió la puerta, y otros estados la cruzaron rápidamente.
- Decenas de estados presentaron demandas similares a mediados de la década de 1990, cada uno buscando recuperar los costos de salud pública vinculados al tabaquismo.
- Los procuradores generales estatales construyeron sus casos con documentos internos de la industria tabacalera que revelaban décadas de encubrimiento.
- La presión combinada de casi todos los estados del país hizo que una resolución global fuera prácticamente inevitable.
Para cuando comenzaron en serio las negociaciones de un acuerdo, la industria tabacalera enfrentaba una ola de litigios de la que no podía escapar en los tribunales. Los documentos eran públicos. El patrón era innegable. La única pregunta que quedaba era cuánto costaría rendir cuentas.
El Acuerdo Maestro de Conciliación de 1998
En noviembre de 1998, la industria tabacalera se quedó sin margen de maniobra. Las cuatro compañías tabacaleras más grandes, Philip Morris, R.J. Reynolds, Brown & Williamson y Lorillard, llegaron a un acuerdo con los procuradores generales de 46 estados, el Distrito de Columbia y cinco territorios de EE. UU. Se conoció como el Acuerdo Maestro de Conciliación (Master Settlement Agreement o MSA), y sigue siendo el acuerdo de litigio civil más grande en la historia de Estados Unidos.
El precio de rendir cuentas
Los términos financieros fueron asombrosos. Las compañías tabacaleras acordaron pagar a los estados aproximadamente $206 mil millones durante los primeros 25 años del acuerdo, con pagos que continúan indefinidamente después de ese periodo. Además de los pagos base, se destinaron fondos adicionales a iniciativas de salud pública.
- Un compromiso de $1.5 mil millones durante 10 años para apoyar campañas estatales contra el tabaquismo.
- Un fondo de $250 millones dedicado a investigar cómo reducir el tabaquismo juvenil.
- Pagos anuales continuos a los estados, ajustados con el tiempo, que se mantienen hasta hoy.
Un cambio en la forma de promocionar el tabaco
El dinero fue solo una parte del acuerdo. El MSA también reescribió las reglas sobre cómo las compañías tabacaleras podían llegar a los consumidores, especialmente a los niños.
- Se prohibieron por completo las mascotas de caricatura y la publicidad dirigida a los jóvenes.
- Se eliminó la publicidad de cigarrillos en espectaculares, transporte público y exteriores.
- Las compañías ya no podían patrocinar eventos deportivos ni poner sus logotipos en mercancía de marca.
Lo que el acuerdo realmente cambió
Exponer la verdad
Como parte del acuerdo, las compañías tabacaleras tuvieron que hacer públicos millones de documentos internos. Estos registros confirmaron lo que los defensores de la salud habían sostenido durante años. Las compañías entendían los riesgos de sus productos mucho antes que los reguladores o los consumidores. Esa transparencia se convirtió en la base de futuras iniciativas de salud pública y de nuevos litigios.
El acuerdo también llevó a la disolución de grupos de la industria como el Tobacco Institute y el Council for Tobacco Research. Estas organizaciones habían pasado décadas fabricando dudas sobre los efectos del tabaquismo en la salud. Una vez que perdieron su financiamiento y su protección legal, su influencia se derrumbó.
Un legado complicado
El impacto del acuerdo en la salud pública ha sido real, pero desigual. Las tasas de tabaquismo en Estados Unidos han bajado considerablemente desde 1998, y la mercadotecnia dirigida a los jóvenes ya no se parece en nada a lo que era. Al mismo tiempo, diversos informes han mostrado que muchos estados gastaron solo una pequeña fracción del dinero del acuerdo en programas de prevención del tabaquismo y prefirieron destinar los fondos a otros fines. El dinero llegó a los presupuestos estatales. No siempre llegó a los objetivos de salud pública a los que debía servir.
Lo que este caso nos enseña sobre el derecho de lesiones moderno
La acción colectiva obliga a que salga la verdad
Ningún fumador por sí solo habría podido enfrentarse a la industria tabacalera. Se necesitaron decenas de estados, años de litigio y una montaña de documentos internos para forzar un ajuste de cuentas. Ese patrón sigue vigente hoy. Cuando una corporación causa daños a gran escala, las voces individuales a menudo necesitan unirse a una defensa legal sólida y bien preparada para ser escuchadas.
Los documentos no permanecen enterrados para siempre
Las compañías tabacaleras enterraron sus propias investigaciones durante décadas, pero finalmente salieron a la luz mediante el descubrimiento de pruebas y el litigio. Vemos esta misma dinámica en nuestros propios casos en Marko Law. Las corporaciones que toman atajos, ignoran las señales de advertencia o niegan haber actuado mal a menudo dejan un rastro documental. Encontrar ese rastro es muchas veces lo que convierte un caso difícil en un caso ganador.
Rendir cuentas todavía requiere luchar
Jon Marko y el equipo de Marko Law obtuvieron un veredicto de $307,600,000 en Jackson c. Corizon Health, el veredicto más grande contra un proveedor de atención médica penitenciaria en la historia de EE. UU. Ese caso, al igual que el acuerdo con las tabacaleras, se trataba de algo más que dinero. Se trataba de hacer que una institución rindiera cuentas por negarles a las personas la atención y la dignidad que merecían. Ya sea que el demandado sea un gigante tabacalero o un proveedor de atención médica penitenciaria, el principio es el mismo: las instituciones que causan daño no deben decidir cuándo llega el ajuste de cuentas.
Lo que viene después del ajuste de cuentas
Casi tres décadas después, el acuerdo con las tabacaleras sigue influyendo en cómo entendemos la rendición de cuentas corporativa. Demostró que ninguna compañía es demasiado grande ni tiene demasiados recursos como para no responder por el daño que causa, siempre que alguien esté dispuesto a hacer el trabajo de demostrarlo. Esa lección ha perdurado más que los titulares de 1998.
Llevamos esa misma convicción a cada caso que aceptamos. Ya sea que nos enfrentemos a una compañía de transporte, a un proveedor de atención médica penitenciaria o a un empleador que tomó represalias contra un denunciante, el tamaño del oponente nunca ha determinado el resultado. Lo que importa son las pruebas, la perseverancia y la disposición de llevar un caso hasta el final.
¿Listo para exigir cuentas? Contacte a Marko Law
Si usted o un ser querido ha sido perjudicado por una compañía que puso las ganancias por encima de las personas, no tiene que enfrentar esa lucha solo. Nuestro equipo tiene la experiencia y el historial para enfrentarse a instituciones poderosas y ganar.
Contacte a Marko Law hoy para una evaluación gratuita del caso.
📞 313-777-7777 📍 220 W. Congress, 4th Floor, Detroit, MI 48226 🌐 markolaw.com
En Marko Law, luchamos con fuerza. No nos rendimos.